Erase una vez una niña que daba unos pasos tan cortos como los de Pulgarcito. Esa niña para llegar a la casa, iba siguiendo el camino de migas de pan que habían dejado pero cuando se acercaba, Guilliver el gigante, soplaba y soplaba y la cambiaba de sitio. Por eso lo pasos de la niña parecían más pequeños de lo que realmente eran, porque nunca llegaba.
"sobre los pasos invisibles"
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