Si él deja de mirarme, o si se calla, mi pequeña sonrisa se ahoga. Entonces la perra deja de ladrar por un minuto y ya se sabe, que el tiempo es relativo. Y el tiempo pasa. Y nada se mueve hasta que me mira o me habla. Entonces a la perra se le olvidan los versos y las demás tonterías. Y arde.
"De lo que me convierte en especial"
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